19 de septiembre de 2019
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La lucha de cinco padres por la "memoria" de sus hijos en Guatemala

GUATEMALA JUSTICIA

Guatemala, 28 may (EFE).- El 31 de marzo de 2012, Nahomy Lara, Juan Carlos Velásquez y Ángel de León no regresaron. Los tres jóvenes fueron a una actividad de la Universidad del Valle de Guatemala y nunca volvieron con vida. Después de siete años de "injusticia" de la justicia, sus padres siguen luchando por "la memoria" de sus hijos en un caso lleno de dudas.

Edna Marroquín y Mauricio Velásquez, Brenda Karina Orellana, Carlos de León y Diana Palacios se conocieron en la tragedia. Sus hijos, estudiantes de biología, estaban desaparecidos en las instalaciones de la Compañía Guatemalteca de Níquel (CGN), a donde fueron a observar cocodrilos a las orillas de El Estor, en el departamento caribeño de Izabal.

Ese día, la novia de Ángel, María, llamó a Carlos y a Diana. "Me dijo que Ángel estaba desaparecido. Solo se escuchaban gritos aterradores de los compañeros. Los estaban buscando", recuerda el padre. Nada más saberlo, un sábado por la noche, todos buscaron la forma de recorrer los más de 300 kilómetros. En autobús o en automóvil.

A medianoche hallaron el cuerpo de Nahomi. "Así, fríamente, me fue dicho que mi hija se había ahogado (...). No se nos dio detalles. Solo que había volcado la lancha y que Nahomy ya había muerto y que los otros dos jovencitos estaban desaparecidos", relata Brenda con la mirada cabizbaja antes de recordar la morgue. Ese "lugar espantosísimo", que solo había visto en "las películas de terror", donde estaba tendida su pequeña, una chica que trabajaba para pagarse su estudios y tener "un futuro prometedor". Pero no fue así.

Al día siguiente, en la mañana, encontraron sin vida los restos de los otros dos chicos: Juan Carlos y Ángel. Estaban en diferentes puntos entre la mina y Río Dulce.

Al principio todo parecía un fatídico accidente, pero la versión del único sobreviviente y procesado por homicidio culposo, Lemuel Valle, quien dirigía la actividad y que también iba en la lancha, no era consistente. La falta de respuestas también les hizo sospechar. Pero más aún que los tres cuerpos llegaran a una pista en el interior de un avión cuando les habían dicho que aún estaban desaparecidos.

Lemuel aseguró que Nahomy se había asustado con una ola, saltó y volcó la lancha -azul, pequeña y en mal estado- en la que iban los tres estudiantes, supuestamente con chalecos salvavidas, y el biólogo.

Pero la reconstrucción de los hechos demostró que no había oleaje y que esa embarcación jamás se dio la vuelta. Además, ninguno de los chicos llevaba chaleco cuando los encontraron y los dos muchachos, Ángel de 21 años y Juan Carlos de 24, con toda la vida por delante, eran nadadores "con mucha experiencia".

Todas estas dudas llevaron a los padres a poner una denuncia un mes y medio después. En mayo de 2012. Desde entonces, asegura Carlos, la Universidad del Valle de Guatemala y la minera -demandadas por la vía civil- han tratado de retrasar el proceso. De desvincularse de los hechos. De bloquear las diligencias. Incluso de impedir las exhumaciones de los tres cadáveres, que demostraron que los dos chicos tenían un golpe en la cabeza que fue propinado con "un objeto romo y una fuerza cinética" que los dejó inconscientes.

"Eso nos lleva a pensar que los golpearon. Los desmayaron y después los fueron a tirar al agua".

Para Carlos la Universidad es responsable por haber enviado a sus hijos a una zona donde había disturbios por la actividad minera. Mas también señala al profesor Arnoldo Font, encargado de la clase de Zoología y quien delegó en Lemuel la actividad, que huyó a Polonia dos años después de los hechos.

"Creemos que no es justo que una universidad tan importante en Guatemala, es una de las más prestigiosas, actúe de esa manera", añade antes de señalar también a la minera, que no tenía protocolos de seguridad para actividades acuáticas y cuyo trabajo ha estado siempre cuestionado.

Desde entonces, estos cinco padres no han podido cerrar el duelo. "Ha sido un calvario sinceramente para nosotros. Un dolor increíble porque son siete años, es demasiado tiempo", apunta Brenda, quien se sintió "burlada" por los plantones judiciales -cancelaciones de las audiencias en el último minuto después de recorrer más de 300 kilómetros- y la falta de humanidad.

"A ellos les provocaron la muerte por todas las pruebas que se han recabado. Ellos no murieron accidentalmente (...). Estos jóvenes en algún momento vieron algo y pues para callarles la boca les provocaron la muerte", acota la mamá de Nahomy, que acababa de cumplir 22 años en el momento de su muerte.

Tras este camino "larguísimo" y después de sortear mil y una "argucias", continúa Mauricio, están a punto de escuchar sentencia. El próximo 30 de mayo es la fecha para "encontrar la verdad". Su única motivación para poder intentar pasar página, aunque saben que no será fácil.

"A final de cuentas es lo que nosotros buscamos. Saber la verdad de lo ocurrido con nuestros hijos. Sabemos que no fue un simple accidente", recuerda el padre de Juan Carlos, quien siente "tristeza, cólera, enfado y molestia" con la actitud del rector, Roberto Moreno.

A él lo llamó el día de los hechos pero este le dijo: "Tengo cosas más importantes que hacer". Solo pudo colgar y lanzar improperios. Nunca se está preparado para perder a un hijo.

La falta de apoyo y colaboración de la Universidad y la minera los motivó a buscar justicia. Mas sabe que aquí no acabará todo. Que la lucha contra ellos, que tienen "mucho poder", no es fácil. Es como la lucha de David contra Goliat.

El rector niega las acusaciones y asegura que su propósito y el de la Universidad del Valle de Guatemala ha sido siempre saber la verdad y de buscar "cómo colaborar" a pesar de las distancias con las familias porque esta ha sido una de las "tragedias" que más ha sentido la comunidad educativa.

"Ha habido un distanciamiento con las familias que nosotros nunca hubiéramos querido", sostiene Moreno a Efe, aunque admite que la "pugna legal" ha dificultado la comunicación en este litigio, en el que asegura que la Universidad solo tenía una colaboración con la minera que cesó después de los hechos, pero que no tenían ninguna vinculación jurídica, lo que impediría que tuvieran responsabilidad civil alguna.

Ese ha sido el único motivo por el que se presentaron recursos, pero nunca con la intención de retrasar el proceso ni de impedir conocer la verdad sobre lo sucedido, sobre lo que hay "dudas razonables". Aún así, asegura que la actividad en la minera era responsabilidad de ellos a través de su estación biológica y que era seguro hacer la expedición.

Mauricio admite que los padres tienen "sentimientos encontrados" porque dudan de que se sepa todo lo que pasó. Pero al menos han podido llegar aquí y apelarán si el fallo no es favorable. Porque todo este camino, continúan los cinco, ha sido "por la memoria" de Nahomy, Juan Carlos y Ángel. Por ellos piden "Un minuto de silencio para romper el silencio".

Patricia Pernas

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